Estos son algunos alimentos que deberíamos comer habitualmente para mantener en buen estado nuestras arterias y nuestro corazón, y también los que deberíamos evitar, reducir su consumo o comer con prudencia, para mantener la salud del corazón y evitar la aparición de enfermedades cardíacas.

ste órgano vital impulsa la sangre y los nutrientes hacia los demás tejidos, por lo que su estructura muscular debe recibir los nutrientes en cantidad suficiente para continuar latiendo alrededor de 80 veces por minuto. Las arterias coronarias constituyen el sistema de irrigación del corazón, pues a través de ellas le llegan la sangre y los nutrientes.

Para que el corazón los reciba en cantidad suficiente es necesario que estas arterias no estén obstruidas. Esta es una breve lista de alimentos aconsejados y desaconsejados para tener el corazón saludable.

No obstante, cada dieta debe ser adaptada de acuerdo a las necesidades individuales de cada persona.

Alimentos aconsejables

Aceite de oliva: Facilita la circulación al disminuir el colesterol “malo” (LDL) y aumentar el “bueno” (HDL); hace más fluida la sangre y previene la trombosis.

Ajo: Facilita la circulación al hacer más fluida la sangre; disminuye la hipertensión y rebaja el colesterol.

Apio: Disminuye la hipertensión.

Avena: Reduce los niveles de colesterol en la sangre.

Calabazas: Tienen propiedades antioxidantes que previenen las enfermedades cardiacas.

Coles (repollo, brócoli, coliflor): Previenen las enfermedades cardiovasculares por sus propiedades antioxidantes.

Hongos: Por su capacidad de hacer más fluida la sangre, reducir la hipertensión y el colesterol, algunos hongos son especialmente indicados en la dieta para la salud del corazón. Entre todos ellos, merece la pena destacar el shiitake.

Manzana: Rebaja la hipertensión, reduce el colesterol y ayuda a prevenir la aparición de enfermedades cardíacas.

Nueces: Sus aceites ayudan a mejorar la circulación y a prevenir la arterioesclerosis. Su contenido en ácido linoleico reduce el colesterol, rebaja la hipertensión y previene la formación de coágulos.

Pescado azul: Reduce el colesterol “malo” (LDL) y aumenta el “bueno” (HDL); su consumo previene la formación de coágulos y el aumento de los triglicéridos en la sangre.

Perejil: Es uno de los mejores diuréticos, siendo muy adecuado en casos de obesidad, enfermedades rumáticas y cardíacas que se asocian con la acumulación de agua en el cuerpo.

Remolacha: Por su contenido en folato, previene las enfermedades cardiovasculares.

Soja, habas, porotos, garbanzos y otras legumbres: Por su contenido en fibras y fitoestrógenos, facilitan la circulación, hacen más fluida la sangre y previenen la trombosis.

Zanahoria: Poderoso antioxidante y fuente de betacarotenos, previene las enfermedades cardiovasculares y neutraliza los efectos negativos del tabaco en el corazón.

Consumo desaconsejado

Alimentos con grasas saturadas: Carnes rojas grasas, manteca de cerdo, vísceras animales (hígado, riñones, sesos, chinchulines…), panceta, jamón curado, embutidos. Mariscos (calamares, camarones, centolla), huevos y pastelería realizada con huevos, leche entera y derivados no descremados, galletas, pasteles, aceites vegetales mezcla, margarinas vegetales.

Alimentos con sal: Carnes curadas, hamburguesas comerciales, conservas de carne y de pescado, salazones de pescado, semillas y frutos secos salados (maníes, pistachos, semillas de calabaza o girasol saladas), pan y galletas con sal, alimentos vegetales en latas, frituras.

Alimentos ricos en azúcares refinados: Alimentos de pastelería y repostería, bollería, facturas, tartas, caramelos, chocolate, bebidas azucaradas.

Cafeína: Café hervido o express (no así el café realizado con filtro de papel o descafeinado), cola o bebidas que contienen cola. El té (tanto verde como negro) constituye un buen antioxidante que puede prevenir la aparición de enfermedades cardíacas, pero no es aconsejable su uso en enfermos que ya presentan problemas de corazón.

Exceso de alcohol: Aunque una copa de vino es buena para reducir los niveles de colesterol, su exceso se convierte en grasa saturada y favorece la hipertensión.

 

Fuente: fundacioncardiologica.org